La maldición Gitana

Un día como otro cualquiera iba caminando hacia el trabajo cuando en una pequeña casa me llamo la atención una estatua de un samurái hecho de madera y lo que más me sorprendió es que valía 50 quetzales, no lo podía creer, entonces entre a preguntar si el precio era correcto.

Al entrar un señor me recibió tenía la cara de los maestro japoneses de la películas, le pregunte si el precio del samurái en efecto era de 50 quetzales, haciendo un movimiento de cabeza me indico que el precio era correcto. Me dijo que era gratis él envió.

Entonces como soy algo impulsivo lo compre, y en la noche me lo llevaron a la casa, lo puse en mi cuarto a la par de la tele, sentía que me miraba, bueno después de ver tele, me dio sueño y me acosté y me dormir.

A las 12 de la noche me levante al baño cuando me di cuenta que la estatua del samurái ya no estaba, comencé a ver a todos lados y  no lo encontraba me dio miedo entonces comencé a buscar en mi ropa el sable samurái de emergencia que siempre guardo, lo tome y salí de mi cuarto.

Al nomas salir lo vi estaba parado en la gradas con su espada samurái, sin decir palabra se me abalanzo comenzamos a pelear con los sables, era muy bueno pero ya también, sonaban los sablazos fuertemente, seguimos peleando hasta mi cuarto me topé con la puerta, entonces de una patada lo lance hacia los escritorios de la oficina, un momento no estaba en mi casa? No importa la pelea estaba muy fuerte lo tenía que acabar o él lo haría conmigo.

La pelea se tornó más violenta cada vez, y de la nada salieron muchos samurái del callejón, eran muchos y no sé de donde salían, ¿estaba en la oficina como llegue al callejón y que callejón es? Entonces como eran demasiados levante la mano y mire al cielo y comencé a absorber los rayos de las nubes y comencé a disparar con rayos de energías que salían de mis manos a los samuráis que habían allí. Comenzaron a caer uno por uno, solo quedo uno en pie, era el mismo que compre en la pequeña casa y atrás de él estaba ella la mujer de mis sueños, atada y con una mordaza.

Entonces mi sable se convirtió en un sable laser verde (como Anakin) y me le abalance al samurái y de un solo golpe lo partí a la mitad, total era de madera. Le quite la mordaza a la chica y cuando estaba a punto de besarla, me caí de la cama, comencé a ver a todos lados, estaba en mi cuarto no había comprado ninguna estatua, eran las 9 de la mañana y era miércoles, tenía una gran goma y mi cabeza me daba vueltas.

Fui tan solo otra víctima más de la maldición gitana, el que toma lunes toma toda la semana.